Cuando te ataquen con magia, corre, reza o arroja piedras; muchos magos no son más que un fraude, y puedes salir airoso aun cuando tu corazón tiemble. O bien puedes permanecer tranquilo y murmurar cualquier cosa mientras mueves fluidamente tus manos. Algunos practicantes del arte son tan cobardes que pueden salir huyendo ante esto. Y, en cuanto a los otros, al menos, cuando los hombres hablen de tu muerte días más tarde, dirán: "Nunca supe que fuese un mago; lo mantuvo en secreto todos estos años. Debe de haber sido un tipo inteligente". Desde luego, algunos no estarán de acuerdo con esto.
Cómo llevo tiempo sin actualizar, voy a pegar un fragmento de "El Nombre del Viento", que es el que se está utilizando para promocionarlo (con mucho acierto) y que resume a la perfección cómo es el protagonista, Kvothe:
Me llamo Kvothe, que se pronuncia «cuouz». Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido más nombres de los que nadie merece. Los Adem me llaman Maedre. Que, según cómo se pronuncie, puede significar «La llama», «El trueno» o «El árbol partido».
«La llama» es obvio para todo el que me haya visto. Tengo el pelo de color rojo intenso. Si hubiera nacido hace un par de siglos, seguramente me habrían quemado por demonio. Lo llevo corto, pero aun así me cuesta dominarlo. Si lo dejo a su antojo, se me pone de punta y parece que me hayan prendido fuego.
«El trueno» lo atribuyo a mi potente voz de barítono y a la instrucción teatral que recibí a temprana edad.
«El árbol partido» nunca lo he considerado muy importante. Aunque pensándolo bien, supongo que podríamos considerarlo al menos parcialmente profético.
Mi primer mentor me llamaba E’lir porque yo era listo y lo sabía. Mi primera amante me llamaba Dulator porque le gustaba cómo sonaba. También me han llamado Shadicar, Dedo de Luz y Seis Cuerdas. Me han llamado Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos. Pero crecí siendo Kvothe. Una vez mi padre me dijo que significaba «saber».
Me han llamado de muchas otras maneras, por supuesto. La mayoría eran nombres burdos, aunque muy pocos eran inmerecidos.
He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
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